Debido a la guerra franco-prusiana Rodin emigró a Bruselas. Ahí comenzó a trabajar La Edad de Bronce, tomando como modelo al soldado belga Auguste
Neyt. Durante la creación de la obra viajó a Florencia y convirtió su estancia
en una sesión inacabable de estudio y a Miguel Ángel en su maestro.
En marzo de 1876 escribió a Rose Beuret: creo que este gran mago me deja
un poco de sus secretos. […] no es sino en él, en él solo, donde está el secreto.
La Edad de Bronce probó su dominio ilimitado sobre el cuerpo –decía Rilke–.
[…] El ojo más severo no podía descubrir en esta estatua ningún espacio que
fuera menos viviente, menos preciso o menos claro […]. Un periodista anónimo
de Étoile Belge, opinó: Está prendida de una cualidad tan rara como
preciosa: la vida; le parecía que los moldes habían sido tomados del cuerpo
de Neyt, y que se trataba de un hombre a punto de suicidarse. Esta opinión
levantó rumores que el escultor refutó con fotografías y testimonios. El periodista
no tenía referencias: el tema nunca había sido visto en la Academia.
No obstante, representó la primera obra que el Estado francés le compró.
En realidad, el título con que Rodin exhibió la obra, El vencido, alude al sentimiento
de fracaso que varios artistas experimentaron durante la década de
1870. Para su amiga, Judith Cladel, simbolizaba el despertar de la civilización.
Rodin prefería aludir al placer de su alma y la emoción que pasaban de
las puntas de sus dedos a la pieza de yeso. |