Rodin es famoso por haber acuñado la frase un artista necesita sólo una
buena obra para establecer su reputación, y por esta razón participó en el
famoso Salón de París. La exposición anual era de gran importancia para los
artistas de su tiempo y los escultores mostraban cientos de obras cada año,
desde los bustos hasta las propuestas a gran escala para monumentos. Los
escultores confiaban en estas muestras patrocinadas por el gobierno para
recibir propuestas de comisiones públicas, encontrar compradores privados
y exponerse a la observación de críticos de gran relevancia. Si una escultura
de tamaño natural o a gran escala era popular en ellas, el artista podría
hacer versiones más pequeñas en bronce y barro para venderlas a la siempre
creciente y cada vez más acaudalada burguesía.
Rodin presentó sus obras y también fungió como jurado en los Salones de
1875 a 1913. Los jueces tenían rigurosas normas técnicas y estéticas, y buscaban
obras que demostraran el entendimiento del artista respecto a la anatomía,
así como su talento para modelar la figura humana y presentarla de
manera convincente al público. Además, se alentaba a los escultores a no
sólo aprender del pasado sino a tomarlo como base para crear una forma
original; muchos de los trabajos estaban claramente influidos por las obras
maestras creadas desde la Antigüedad clásica hasta el Renacimiento. Cuando
Rodin presentó La Edad de Bronce y después San Juan Bautista predicando,
el énfasis en el naturalismo distinguió claramente su trabajo de las figuras
idealizadas de sus contemporáneos. Aunque el estilo de Rodin fue muy criticado
en su tiempo, unos cuantos años después su enfoque se anunciaba como
una fuerza revitalizadora en el arte. |