En el otoño de 1884 la municipalidad de Calais, puerto en el norte de Francia,
retomó un proyecto que se había gestado varias décadas atrás: la creación del
monumento para encomiar a Eustache de Saint-Pierre, quien dirigió a cinco
ciudadanos ilustres que se ofrecieron como rehenes para liberar a Calais del
dominio inglés, luego de un asedio de once meses, durante el epílogo de la
Guerra de los Cien Años.
Pierre de Wiessant y su hermano Jacques, Jean de Fiennes –cuyo nombre
apareció registrado hacia 1863 en los archivos de la Biblioteca Vaticana–,
Jean d’Aire y Andrieu d’Andres iban dispuestos a la muerte vistiendo
costales, con soga al cuello y portando las llaves de la ciudad, como había
ordenado el rey Eduardo III de Gran Bretaña. Por intercesión de la esposa
del monarca, la reina doña Filipa, se les perdonó la vida y Calais fue
liberada. En las Crónicas de Jean Froissart quedaron registradas las palabras
de Saint-Pierre a sus compatriotas: Caballeros, sería una gran pena
permitir que tanta gente esté sujeta a morir de hambre, si hubiese alguna
forma de evitarlo. Sería altamente placentero para Nuestro Señor si
alguien pudiera salvarlos con devoción […].
Rodin obtuvo el encargo de realizar el conjunto escultórico pocos años después
de otro acontecimiento histórico que puso en entredicho la soberanía
gala: la guerra franco-prusiana (1870-1871) entre las tropas de Napoleón III y
el Canciller de Hierro, Otto von Bismarck.
Por la mirada romántica y nacionalista de la época, el Comité de Calais esperaba
sólo un canto triunfal por la entrega de los seis burgueses. Sin embargo
Rodin, como apunta el investigador John L. Tancock […] en su monumento,
trató de visualizar a los burgueses [como individuos y héroes], rehusando a
someterlos a una noción abstracta de patriotismo […] Él quería que su monumento
inspirase a los ciudadanos de Calais por la virtud de su humanidad, y
no por la retórica afirmación de valores abstracto. |