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Inicio Introducción La obra de Rodin Cronología
♦ La Edad de Bronce ♦ El Salón de París ♦ La Puerta del Infierno
♦ Mitos y alegorías ♦ Los Burgueses de Calais ♦ Fragmentación y movimiento
♦ Retrato El espíritu de Rodin: ♦ Émile-Antoine Bourdelle y ♦ Camille Claudel

Fragmentación y movimiento

El cuerpo expresa siempre el espíritu del que es envoltura –decía Auguste Rodin–. Y para el que sabe ver, el desnudo ofrece el significado más rico. A los 24 años, el artista había afinado la observación para sus técnicas de dibujo y modelado con los cursos de Anatomía. En realidad, lo humano estuvo siempre en el centro de su interés.

Fue coleccionista de antigüedades griegas y romanas, muchas de ellas ya mutiladas: cabezas, torsos, brazos, piernas, pies, orejas, manos, que conocía como el mejor médico. En su taller los ‹‹retazos›› –abattis, como los llamaba en francés– se encontraban por centenas. Rodin advertía: ¿Cómo podría conmovernos la alegría o la pena de un objeto inerte –una masa de piedra–? La ilusión de la vida se obtiene en nuestro arte por un buen modelado y movimiento.

Trabajando en La puerta del Infierno desarrolló un profundo estudio de las pasiones. Ensayó desmembrar y volver a reunir partes de cuerpos para formar nuevos personajes o grupos. A este procedimiento de creación lo llamó ensamble, imaginación poética e infinita. Realizó esculturas vanguardistas a partir del fragmento: convirtió manos y torsos en consumadas obras expresivas; les confirió vigor. Alrededor de 1885, motivado con la comisión de Los burgueses de Calais, trabajó manos masculinas, como la Mano crispada, que responden más bien a un interés naturalista y expresivo que alegórico. En cambio, hacia 1910, otras obras, como La catedral, serán expresamente simbólicas.

Alrededor de 1906, y durante la siguiente década, para el ya viejo Rodin la danza moderna será una apreciable fuente de indagación sobre el movimiento. Trabajó con extraordinarias figuras de este arte, como Isadora Duncan, Loïe Fuller y Nijinsky, y también fue sorprendido por las danzantes camboyanas. Si las manos de su última época se vuelven apacibles, las bailarinas están modeladas con ímpetu.

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